Qué comen los argentinos que comen es el título del libro que se agotó en las librerías de Rosario. Su autora, Patricia Aguirre, es antropóloga del Instituto de Altos Estudios Sociales (Idaes) de la Universidad de San Martín, investigó los hábitos alimenticios del a clase baja, media y alta en Argentina.
Algunas de sus observaciones las expuso en una entrevista realizada por Pedro Lipcovich de Página 12 :
“El ideal de cuerpo rige los hábitos alimentarios: “A ese cuerpo fuerte hay que nutrirlo con alimentos ‘rendidores’, y éstos son los que reúnen tres requisitos: ser baratos, gustar y ‘llenar’. Este término, ‘llenar’, referido a la comida, que es una mala palabra en el sector alto, representa algo sistemáticamente buscado en los de ingresos bajos”.
Alimentos que cumplen esos tres requisitos son “el pan, los fideos guiseros, las papas y las carnes grasas, esas de los cortes delanteros”.“Por supuesto –señaló la antropóloga–, los nutricionistas se quejan: ¡esta gente debería comer fruta y verdura! Pero no, no las comen, y no porque les falte ‘educación’, sino porque estos alimentos son proporcionalmente caros y porque no cumplen la segunda condición: no llenan; no te dejan ‘pipón’, saciado: y la madre, en este sector social, no puede soportar, ni psicológica ni prácticamente, que el chico a las dos horas le pida comer de nuevo. Entonces, no: ese cuerpo fuerte se alimenta con guisos y sopa de fideos. Comida de pobre.”
Pero, además, lo que se come está influido por con quién se come. “En la concepción de comensalidad que rige entre los pobres, la comida es algo que se comparte; en cambio, a medida que se sube en la escala social, se cierran las puertas de las casas”, observó Aguirre y contó su propia experiencia: “Cuando voy a casas a hacer entrevistas y el diálogo se extiende y llega el mediodía, en los sectores de ingresos bajos me invitan a comer. En los sectores medios y altos, en cambio, cuando se hacen las 12, las 12 y media, aparece cierta inquietud, cierto apuro, pero ni por asomo se les ocurre invitarme”.
Es por ello que la identificación con el cuerpo de la mujer ideal es muy diferente según de qué clase social se trate : las clases bajas eligieron a Susana Jiménez como normal mientras que para la clase alta es considerada gorda, siendo sus elegidas Araceli González y Valeria Mazza.
Patricia Aguirre sostiene que el gusto se desarrolla desde el líquido amniótico de la panza del a madre, momento en el que el bebé quedará condicionado por lo que coma su madre siendo este momento el que asegure la repoducción y la dominación social ya que desde el gusto se plantea una condición de pertenencia aun sector o clase social.
Desde la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación) las primeras damas de América Latina impulsarán un programa bajo la consigna “Alimentar la mente para combatir el hambre” considerando a la educación como herramienta fundamental para lograrlo pero partiendo del prejuicio de que los pobres son ignorantes y desplazando así la razón de ello, desde la inequidad en la distribución de la riqueza hacia la falta de “buenos hábitos alimenticios”.Las verduras y las frutas no llenan como los fideos y las papas, esto ocasiona que los gordos pobres sean un emblema de la desnutrición aunque resulte paradójico como lo es también que en Argentina, que cuenta con una alta producción de alimentos, haya personas que no tiene derecho a ellos.
El domingo próximo votaremos para renovar legisladores nacionales y concejales, recordemos que si tenemos comida, casa, educación, trabajo y salud, hay otro gran número de personas que no tienen acceso a ello, así que si ejercemos el derecho al voto solidariamente, pensando que serán ellos quienes votarán cómo se repartirá el presupuesto nacional, entre otras cosas, podremos aportar algo.
Foto:www.mexicolibre.org
Mafalda:http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/c/c7/Mafalda-Strip1822-Image4.gif
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